Ay! mi niña que trabajas, artesana de la vida
por tus hijas no desmayas aunque te consuma
el sida.
Ángel de luz renaciste, como el Fénix de las cenizas
corrompidas por una peste maldita, pero tu voluntad altiva,
dictamina que estés viva.
Ananda y Maria Luna se merecen lo mejor,
que mas pueden pedir que una madre como tu.
Contra toda predicción, tomaste la decisión y dos
criaturas sanas fueron una bendición.
Dios sabe que tu eres buena, buena de corazón
como el pan de cada día ganaste su compasión.
Que palabras agregar a este tributo mío
solo que vivas cien años y con el mismo brío.